Por FERNANDO FERNÁNDEZ I JESÚS CARRIÓN. (Versió en català)

Fuente: Observatori del Deute en la Globalització (ODG), març 2013

Las empresas transnacionales han visto desde hace ya mucho tiempo que es imprescindible tener vínculos con las universidades y la generación tanto de conocimiento como de capital humano. Para optimizar la generación de conocimiento útil para las empresas, éstas están utilizando su capacidad para influir en los gobiernos a efectos de forzar cambios legislativos que deriven en una reestructuración total de las universidades así como en la política de financiación de las mismas. La situación de falta de recursos económicos que algunas padecen, está siendo el caldo de cultivo propicio para financiar a grupos de investigación que enfoquen sus proyectos a cuestiones estratégicas para las propias empresas y no para el interés general de la población.

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Este proceso de direccionamiento y apropiación del conocimiento es una tendencia global del capitalismo contemporáneo. En un contexto de competencia mundial las empresas necesitan estar a la vanguardia en lo que respecta a la producción de conocimiento nuevo y aplicable a la producción. Las técnicas de elaboración de productos así como las ideas que representan y que a su vez se usan para su comercialización son aspectos clave de una economía que tiende hacia una fase intensiva en lo que a conocimiento se refiere, lo cual implica además, personas capaces de llevar a cabo estos procesos[1] (Callinicos: 2006). Por utilizar un símil, son los cerebros y no tanto los brazos, la fuerza de trabajo que necesita el capital contemporáneo.

Así, en un mundo en constante cambio, adaptación y competición internacional, a las grandes empresas ya no les sale rentable llevar a cabo investigaciones que pueden ser muy costosas aunque a su vez de todo punto necesarias[2]. Por ello prefieren que sean las universidades las que investiguen a través de la financiación estatal y ser ellas las que comercialicen y se apropien de los beneficios que dichas investigaciones proporcionen. No obstante, también son ya muy comunes las alianzas público-privadas entre empresa y universidad, con patente final a favor de la empresa[3]. A tal efecto, la Presidenta de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas Adelaida de la Calle, señalaba que “para mejorar la situación de las universidades también hacen falta empresas que utilicen sus patentes”[4].

BancoSantanderCSIC_webEn el caso de Europa, Xulio Ferreiro Baamonde señala los orígenes del nuevo diseño universitario “en las reflexiones sobre educación universitaria que desde 1989 venía haciendo la European Round Tableof Industrialist en el sentido de no dejar la definición de su funcionamiento exclusivamente a los sectores académicos, al tiempo que se hacía entrar en ésta las necesidades de los empleadores”[5]. En el mismo, participan representantes de empresas europeas como Inditex, Nokia, Nestlé, Telefónica, E.On,Total, Vodafone, etc.[6] Además, el autor sitúa en la Estrategia de Lisboa la conjunción entre competitividad económica y Universidad.En el Estado español estas ideas se introdujeron de la mano del Informe Universidad 2000 y se pusieron en práctica con la Ley Orgánica de Universidades (LOU).

En una nueva alianza entre poder político y poder económico, los gobiernos han ido introduciendo una serie de controles y evaluaciones sobre las actividades e investigaciones de los y las profesaras universitarias. Dentro de un contexto económico marcado por el neoliberalismo donde la “inversión” en políticas públicas tiende a ser reducida, el concepto y finalidad de la educación cambian completamente. Así, al introducir la lógica de mercado en el funcionar de la institución, ésta pasa a regirse por criterios de competición y crematísticos, lo que a la postre deriva en una precarización del personal docente, producto en gran parte de una división del trabajo cuyo fundamento se encuentra en que quién transfiere conocimiento al sector privado triunfa, y el que no, no.

Por otra parte, las propias universidades compiten entre ellas ya que la financiación, tanto pública como privada, pasa a ser en parte dependiente de la antedicha productividad crematística del conocimiento generado. Por lo tanto las que figuren en los primeros puestos de los rankings de universidades serán las que optaran a la mayor cantidad de recursos monetarios procedentes del Estado y destinados a la investigación y docencia más “punteras”. El resto de Universidades serán marginadas y en ocasiones cooptadas directamente por el poder corporativo como última solución para salir a flote económicamente, medida que por otro lado alientan directamente los gobiernos[7]. Ni que decir tiene además, que los fondos destinados a investigaciones con un componente crítico o con un carácter objetivo y abiertamente social tendrán cada vez menos cabida en el nuevo esquema universitario.

De esta forma, el denominado managing pasa a ser el pilar central de la institución a un nivel tal que intenta saltarse las estructuras democráticas que gobiernan la institución. La Universidad ha de regirse según los principios de la empresa privada, esto es, eficacia y eficiencia en un contexto de competencia, para lo cual la misma ha de ser dirigida por profesionales del ramo, no por académicos democráticamente elegidos. Quizá por ello, la Fundación Conocimiento y Desarrollo, en cuyo patronato se encuentran representantes de Banesto (ahora filial del Banco Santander), Yamaha, Telefónica, Banco Santander, Caixa de Catalunya, Cámaras de Comercio, Freixenet, IBM, Indra, Mercadona, etc, solicitaba a través del documento, “Estrategia Universidad 2015. La gobernanza de la Universidad y sus entidades de investigación e innovación”, la adopción del sistema estadounidense para la elección del rector o rectora, en la cual tienen especial influencia actores externos a la Universidad (Edu-Factory y Universidad Nómada: 2010).

Por otro lado, el giro iniciado con estas reformas pretende adaptar a los y las estudiantes a las lógicas laborales flexibles y precarias del sistema económico. A su vez, apartan al Estado democrático y a la propia comunidad universitaria, en cuanto organismo autónomo, como agentes principales en lo que se refiere al diseño de los planes de estudio y sus contenidos académicos[8]. El primero, está actuando como sujeto activo de esta transformación y el segundo a veces actúa como sujeto pasivo, aunque planteando resistencias, y a veces como estrecho colaborador. Si bien concordamos con Callinicos en que en su momento se dio la aparición de “[…] universidades para adiestrar a los investigadores y especialistas necesarios para una economía capitalista industrial moderna […]”[9], no podemos obviar que en la actualidad el mercado demanda otro tipo de persona trabajadora.

Siguiendo a Xulio Ferreiro, una de las nuevas tareas de la Universidad será la de formar al futuro personal laboral en aptitudes sociales, capacidad de adaptación al cambio, además de instruirlo y formarlo en las nuevas competencias tecnológicas que requiere la empresa privada “[…] en tanto institución a la que se encomienda el desarrollo económico […][10]”. El capital, de la mano del Estado, tiende así a formar a sus personas trabajadoras-máquina mediante su educación cognitiva en las lógicas de adaptación y reciclaje continuo. En una forma abstracta, ya no la lógica de la persona trabajadora en la línea de montaje con unas competencias adquiridas para un puesto de por vida, (lógica lineal y uniforme), sino la de la persona trabajadora que se tiene que adaptar a los continuos cambios que operan en la lógica productiva de las nuevas tecnologías, en un contexto de competición mundial y que exigen superar la innovación tecnológica del rival directo en un tiempo y coste mínimo. Es decir, si bien antes la persona trabajadora podía ser más bien estática en lo que a creatividad se refiere, la tendencia (no la totalidad) ahora dicta la necesidad de una persona trabajadora mucho más dinámica. Ella es el que crea e innova, siendo la empresa la que se apropia de la creación surgida, si se quiere, de su circuito neuronal. Todo esto aplica por ejemplo a personas trabajadoras en el área de la ingeniería industrial o la informática, auténticas personas trabajadoras cognitivas en dos puntos clave de la economía capitalista contemporánea.

Es decir, que la influencia que los poderes económicos ejercen a través de las universidades es doblemente brutal: así, no sólo descargan los gastos de investigación sobre las instituciones públicas para privatizar, por ejemplo, vía patentes los resultados de la misma, sino que introducen la lógica de la precariedad laboral propia del neoliberalismo dentro de ella y además privatizan per se el conocimiento no solamente mediante la mentada comercialización del saber generado, sino a través también del direccionamiento de qué es lo que hay que estudiar, qué saberes se han de generar y por si esto fuera poco, cómo han de estar constituidos en materia de actitudes y aptitudes los y las alumnas que salgan de la Universidad. Es decir, convierten a la institución en una fábrica de personas proletarias precarias a su servicio y determinan el conocimiento que allí se imparte (aunque debería orientarse al interés general) en base a criterios puramente utilitaristas, como si el interés de la empresa y la lógica de mercado fuesen el equivalente a la totalidad social. Debido a ello, las y los estudiantes han de estudiar lo que las empresas y el ritmo de la economía determinen directa o indirectamente. Así, para decirlo con palabras del mismísimo Ministro de Educación, Cultura y Deporte José Ignacio Wert, se debería “inculcar a los alumnos universitarios a que no piensen solo en estudiar lo que les apetece o a seguir las tradiciones familiares a la hora de escoger itinerario académico, sino a que piensen en términos de necesidades y de su posible empleabilidad[11].

De hecho, la lógica de la empleabilidad a la que alude el Ministro encuentra su máxima expresión en el sistema de sustitución de becas por préstamos. Así, los y las estudiantes se endeudan al iniciar sus estudios con entidades financieras de las que automáticamente son clientes en el momento de formalizar la matrícula. A parte e independientemente de la más que posible solicitud prestataria para cursar por ejemplo estudios de máster, el carné universitario que el alumno recibe al pagar la matrícula, es también una tarjeta de crédito que él mismo puede usar o no. Matricularse en la Universidad conlleva pasar a ser cliente de un banco. La penetración de las entidades financieras en el sistema universitario, la mayoría de ellas auténticas empresas transnacionales, es pues evidente. La precarización de los y las estudiantes con menos recursos a través del endeudamiento, también. Pero hay algo más, y es la tendencia a responsabilizar al alumno de sus decisiones de manera que sea él o ella las culpables, si no encuentran trabajo de aquello que estudiaron, y con ello se las estigmatiza por no haber escogido carreras monetariamente rentables, siendo aquí donde se cierra el círculo de la penetración de la lógica de mercado en la universidad.

Podemos ver, a modo de ejemplo, algunas de las graves controversias que pueden surgir a causa de la entrada directa o indirecta de las empresas en las universidades, ni que sólo sea a nivel de proyectos. Naomi Klein, citaba en su ya clásico No Logo algunos casos de incompatibilidad entre el conocimiento imparcial y libre per se que generan las Universidades y el uso restrictivo, privativo y exclusivamente utilitario del mismo del que hacen gala las grandes empresas del sector privado. Así, citaba entre otros el caso de la doctora Betty Dong, investigadora médica de la Universidad de California en San Francisco, quien aceptó en su día comparar un medicamento de marca con su competidor genérico. La farmacéutica Boots era quien financiaba el estudio de la doctora Dong, y esperaba que la misma demostrase que el medicamento de marca, más caro, era mejor que el genérico. No obstante, los resultados del estudio indicaron que ambos medicamentos eran bioequivalentes y que además el genérico implicaba un ahorro importante al bolsillo de los y las ciudadanas. En el momento de publicar los resultados de la investigación, la empresa, con el apoyo de la universidad, lo impidió amparándose en una cláusula del contrato que se había firmado y que otorgaba el derecho de veto a la citada compañía (Klein: 2001).

Sin embargo, no debemos irnos tan lejos a la hora de citar casos de clara incompatibilidad entre la función e intereses de las instituciones públicas universitarias y/o de investigación y el sector corporativo privado. Recientemente el Ministerio de Medioambiente del Estado español ha aprobado un plan mediante el cual una filial de Gas Natural pretende construir un Gasoducto y almacenar gas en el Parque Nacional de Doñana. Ecologistas en Acción ha denunciado que tal proyecto pone en peligro los ecosistemas de la zona y que es incompatible con la protección del paraje natural[12]. No obstante, lo curioso en este asunto es que la Estación Biológica de Doñana del CSIC votara en su día a favor del citado plan, a la par que recibía financiación de Gas Natural para uno de sus proyectos de investigación[13].

Los efectos que estas reformas de raíz estadounidense tienen sobre la Universidad y por lo tanto sobre la sociedad, serán perjudiciales no sólo en el corto plazo, sino indudablemente también en el largo plazo. Así, permitir por la vía política que sean las grandes empresas las que dictaminen qué es lo que se debe investigar y lo qué no, es el equivalente potencial a determinar cuáles son los saberes con los que se ha de constituir la sociedad en su conjunto. Saberes que en todo caso se rigen por la lógica de la máxima acumulación y beneficio tan queridos por el capitalismo, y en concreto por las empresas transnacionales. Saberes que van contra los intereses de las propias personas que van a pasar a ser proletarias universitarias precarias. Saberes que van contra el interés de las mayorías sociales.

Bibliografía:

Callinicos, Alex, “Las universidades en el mundo neoliberal”. Traducido de Universities in a neoliberal world. Bookmarks Publications. London 2006. Encontrado online en firgoa.usc.es/drupal/files/Callinicos.pdf

Edu-Factory y Universidad Nómada, La Universidad en Conflicto. Capturas y fugas en el mercado global del saber, Traficantes de Sueños, 2010. Descarga libre en http://www.traficantes.net/index.php/trafis/editorial/catalogo/coleccion_mapas/La-Universidad-en-conflicto.-Capturas-y-fugas-en-el-mercado-global-del-saber

Klein, Naomi, No Logo. El poder de las marcas, Barcelona, Paidós, 2001.

Verger, Toni, “Políticas de Mercado, Estado y Universidad: Hacia una Conceptualización y Explicación del Fenómeno de la Mercantilización de la Educación Superior”, Revista de Educación, 360, Enero-Abril 2013.

 

[1] Si bien tomamos esta descripción del abajo referenciado texto del autor, éste la utiliza en un sentido distinto al nuestro, en tanto en cuanto su objetivo en el mismo es criticar ciertas teorías que hablan del paso de una economía de producción de bienes materiales a otra de producción de bienes inmateriales.

[2] Callinicos, cita las siguientes palabras del magnate de los negocios estadounidense Henry Chesbrough: “[…] Cada vez más, el sistema universitario será el lugar de los descubrimientos fundamentales. Y la industria necesitará trabajar con las universidades para transferir estos descubrimientos a productos innovadores, comercializados por medio de modelos de negocio apropiados”. (Callinicos [2006] Pág 6). E indica también, siguiendo a Richard Lambert, en la época Director General de la Confederación de la Industria Británica, que “Desde principios del siglo XX, las grandes compañías tendieron a hacer investigaciones en sus propios laboratorios: esto fue cierto, por ejemplo, en el caso de la industria química alemana y en el de los Laboratorios Bell en Estados Unidos de América. En todo caso, esto está cambiando. Ahora los productos son tan complejos que se requiere investigación en una gama de técnicas más amplia de la que cualquier compañía pueda asumir. La competición intensa forzó incluso a las compañías más grandes a reducir costos concentrándose en las actividades principales, recortando sus laboratorios de investigación o incluso cerrándolos”. Ibídem Pág 6.

[3] Tal y como nos recuerda Xulio Ferreiro: “La universidad debe centrarse en la investigación aplicada y tecnológica, apta para ser valorizada económicamente con rapidez (Galcerán Huguet, 2003: 18; J. Naidorf, P. Giordana e M. Horn, 2007: 25), a través de medios dirigidos a privatizar el saber producido en el sector público (Galcerán Huguet, 2007), como puedan ser patentes, spin-offs, parques tecnológicos, contratos de investigación, o pura venta de servicios cognitivos”. Edu-Factory [2010] Pág 121.

[5] Edu-Factory y Universidad Nómada [2010] Pàg 117.

[6] Datos obtenidos del propio autor, Xulio Ferreiro Baamonde, quien nos remite a esta página http://www.ert.be/ en cita al pie como referencia al European Round Table of Industrialist. En la misma cita nos proporciona nos proporciona los nombres de las empresas citadas. En la actualidad (febrero de 2013) el link proporcionado parece no corresponder con la información obtenida del libro en cuestión.

[7] “Una medida política clave para fomentar la competencia entre centros consiste en introducir fórmulas de financiación competitivas, por resultados o por número de estudiantes (Ball 1990). Sin embargo, otra medida pro-competencia tanefectiva como la anterior consiste en contener la financiación pública directa de manera quese fuerce a los centros a recaudar fondos de manera independiente y a definir así unaestrategia para atraer clientela y recursos privados para la investigación”. Verger, Toni [2013] Pág 5. La negrita es nuestra.

[8] Xulios Ferreiro, escribiendo sobre el Proceso Boloña indica que “[…] sólo en aquellos estudios que dan acceso a las denominadas profesiones regladas, el Estado conserva la facultad de establecer un contenido mínimo y común”. (Edu-Factory [2010] Pág 120). Por su parte, Toni Verger expone que desde la perspectiva adoptada por la Nueva Gestión Pública o managing “[…] el estado deja de ser considerado el responsable directo en la provisión educativa, mientras que se centra en el establecimiento de estándares de contenidos y de rendimientos y en evaluar si los centros logran los objetivos marcados de manera eficaz”. Verger, Toni [2013] Pág 7.

[9] Callinicos, Alex [2006] Pág. 13

[10] Edu-Factory y Universidad Nómada [2010] Pág. 114

[13] http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/02/06/actualidad/1360180427_9

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