Aditya Chakrabortty (14/10/2013)

Fuente: The Guardian traducido por Viento Sur

China cuenta con un ejército de mano de obra estudiantil que fabrica productos de Apple, consolas Playstation y otros aparatos para Occidente. Los relatos de los jóvenes afectados son sobrecogedores.

Esta semana se oirán montones de beaterías sobre China. Cuando George Osborne y Boris Johnson/1 vayan de Shanghái a Shenzhen, soltarán el cuento de siempre sobre el comercio y la inversión y la competencia global. De quien no hablarán es de Zhang Lintong, y eso que la historia de este muchacho de 16 años de edad revela más sobre el aspecto humano de la relación entre China y Occidente que cualquier avalancha de banalidades ministeriales.

En junio de 2011, Zhang y sus compañeros de clase fueron arrancados de sus hogares familiares y enviados a una fábrica que produce aparatos electrónicos. Los alumnos estuvieron trabajando durante seis meses en una gigantesca planta de Foxconn en la ciudad de Shenzhen, situada en el sur del país, a 20 horas en tren desde su casa en el centro de China. No le dieron opción a opinar sobre el asunto, explicó a los investigadores. “A menos que pudiéramos presentar un certificado médico del hospital municipal que acreditara que estamos gravemente enfermos, teníamos que partir inmediatamente.”

Como estudiante de primer curso en una escuela secundaria de formación profesional, legalmente no podían enviar a Zhang (no es su apellido verdadero) a ninguna clase de prácticas. Además, de acuerdo con la legislación china, las prácticas han de estar directamente relacionadas con los estudios del alumno. Zhang estudia bellas artes y es un admirador de la obra de los pintores realistas rusos, y ha tenido que pasar medio año fabricando iPhones y otros aparatos electrónicos de consumo.

Hijo único de una familia campesina, lo primero que le ocurrió a Zhang al llegar a la megafactoría fue la separación de sus compañeros de clase, que estaban igual de perplejos que él. Los obligaron a alojarse en diferentes dormitorios de la fábrica, entre adultos desconocidos. Les dieron uniformes idénticos a los de los trabajadores de plantilla y les impartieron una formación rudimentaria. Y luego estaba el trabajo: Zhang llevaba a cabo una o dos pequeñas operaciones, una y otra vez, estando de pie durante horas en una larguísima cadena que fabricada productos de Apple. “Es cansado y aburrido”, contó a los investigadores fuera de la fábrica. “Me gustaría mucho irme, pero no puedo.

Por increíble que parezca, la historia de Zhang no es única. Foxconn, principal proveedor de Apple y fabricante para muchas otras empresas de electrónica de consumo, es una de las más grandes compañías de China y una de la que más recurre a la mano de obra estudiantil. En octubre de 2010, la empresa calculó que, en aquel entonces, hasta el 15 % (es decir, 150.000) de su personal de un millón de trabajadores eran estudiantes. Al parecer, más de 28.000 estaban destinados a trabajar exclusivamente para Apple. El año pasado, desde círculos académicos se informó de que el 70 % del personal de una fábrica de cajas de cambios para Honda procedía de escuelas secundarias.

Este tipo explotación tampoco es el único en la historia reciente: justo la semana pasada, Foxconn admitió que había violado la legalidad obligando a escolares a hacer horas extraordinarias y trabajar en el turno de noche. Se dice que más de una millar de ellos han estado fabricando las consolas de juego Playstation 4 que están a punto de salir al mercado.

La entrevista con Zhang fue una más de un total de 63 realizadas con estudiantes en prácticas a lo largo de dos años para un libro de próxima publicación de Jenny Chan, Pun Ngai y Mark Selden. Las historias de los muchachos y muchachas son estremecedoras. Una joven de 16 años de edad sufre trastornos menstruales durante las prácticas. Los dolores continúan durante meses y ella piensa que los causan los turnos de noche y el estrés de la fábrica: “No tenemos pausas cuando estamos por detrás de los objetivos de producción”. Como es fácil de comprender, la chica, desamparada, prefiere no hablar de la cuestión con su superior inmediato, que es un hombre, y sus padres están tan lejos que lo único que pueden hacer es darle consejos por teléfono.

Estos relatos no son una simple serie de lamentables casos singulares. Zhang y sus compañeros de clase, y cientos de miles de jóvenes alumnos como ellos se hallan en el corazón de las poderosas relaciones económicas que operan actualmente. Forman parte de una relación comercial en la que los muchachos chinos se ven forzados a formar parte de una maquinaria productiva con la connivencia de las grandes empresas y los gobiernos locales, para producir cosas relucientes que venderán multinacionales multimillonarias a consumidores occidentales. ¿Qué quiero decir cuando hablo de connivencia gubernamental? El verano, antes de que Zhang fuera enviado a una planta de Foxconn, un municipio de su provincia natal, Henan, ordenó a todas sus escuelas de formación profesional que enviaran a sus alumnos a una fábrica de Foxconn en la misma ciudad de Shenzhen. Quienes estuvieran destinados a otros lugares debían suspender la estancia de inmediato y acudir a toda prisa al sur.

Chan y sus colegas creen que esto se hizo para poder contar después con una mano de obra instruida para la inminente apertura de una planta en Henan para la fabricación del iPhone. Lejos de mantenerse en secreto, la orden se publicó en la prensa y el gobernador de la provincia supervisó su cumplimiento. Se fijaron objetivos de reclutamiento oficiales y se ofreció al gobierno local un subsidio de 1,8 millones de euros para que Foxconn obtuviera los trabajadores que necesitaba. Y los profesores acompañaban a sus clases, pagados por Foxconn, para que se aseguraran que sus chavales trabajaban duramente y no se escaqueaban.

En una fábrica, los estudiantes se quejaron de dolor de estómago, de su sensación de ahogo, y preguntaron por la seguridad de su puesto de trabajo. ¿Qué les contestó su maestro? Como explicó más tarde a los investigadores, invocó la catástrofe nuclear de Fukushima: “Pensad por un momento en al altruismo de los científicos y los equipos médicos [en Fukushima] cuando Japón anunció la trágica fuga radiactiva. Ningún japonés abandonó su labor de rescate. Del mismo modo, cada uno de nosotros ha de asumir su responsabilidad por el bien de la humanidad.” Con este sistema, los consumidores occidentales pueden comprarse año tras año nuevos y estupendos artículos. Apple dirá que las condiciones inhumanas imperantes en las fábricas de su proveedor chino ya son cosa del pasado, aunque admite que algunas de las prácticas todavía “se gestionan mal”. Hay que ser ciegos para creerlo. Un informe de auditoría de Apple de mayo de 2013 “no detectó ningún alumno en prácticas contratado en Chengdu [una ciudad del medio oeste de China] desde septiembre de 1911”. Sin embargo, un responsable de personal de Foxconn contó a Chan en septiembre de 2011 que en la fábrica de Chengdu estaban realizando prácticas más de 7.000 estudiantes, que representaban más del 10 % de todo el personal.

Notas:

/1 George Osborne es el actual ministro de Hacienda del Reino Unido; Boris Johnson es el alcalde de Londres. Ambos son del Partido Conservador.

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