[Versió en català aquí]

Por Albert Sales i Campos

La firma del Programa para la mejora de la seguridad de las fábricas en Bangladesh (Accord on Fire and Building Safety in Bangladesh) es un avance para los trabajadores y las trabajadoras de este país asiático y para los movimientos que luchan contra el poder de las empresas transnacionales, aunque también constituya una acción de pragmatismo empresarial y de cinismo por parte de estas firmas.

Ha hecho falta un desastre de grandes dimensiones con más de un millar de muertos y casi 3000 personas heridas para desbloquear una propuesta que llevaba cinco años sobre la mesa de las firmas internacionales. También ha sido necesaria la movilización de más de un cuarto de millón de obreros y obreras que llevan encadenando huelgas y protestas desde el 24 de abril así como la recogida de más de un millón de firmas electrónicas a la acción lanzada por la Campaña Ropa Limpia internacional. Con este contexto, el paso dado por las empresas firmantes no se puede enmarcar dentro de la voluntariedad de la “responsabilidad social empresarial” sino una reacción necesaria ante la erosión de la reputación corporativa que ha supuesto el hundimiento del “Rana Plaza”.

De la misma manera, que la tragedia ha permitido que los trabajadores y los movimientos internacionales contextualizar la situación concreta explicando el drama de la explotación en la industria global de la moda, la firma de este acuerdo nos debe facilitar dar a conocer la raíz del problema. Las empresas transnacionales con cadenas de producción deslocalizada no son responsables ante ninguna jurisdicción de lo que suceda en sus fábricas proveedoras. Los obreros y las obreras de Bangladesh no pueden pedir responsabilidades a C & A o en El Corte Inglés de lo que ocurrió en el “Rana Plaza” porque, sencillamente, las empresas responsables son las fábricas locales. El acuerdo firmado corresponsabiliza, por primera vez, a las empresas transnacionales con el destino de sus trabajadoras y trabajadores en materia de seguridad, y fija un precedente que se puede extender a otros países y otras materias.

No callaremos después de este pequeño adelanto. También se deben corresponsabilitazar de aspectos más cotidianos como el pago de salarios legales (y dignos), el cumplimiento de la legislación en materia de horarios laborales y el respeto de las libertades sindicales.

La reacción del gobierno de Bangladesh, que ha creado un grupo de trabajo para estudiar el incremento del salario mínimo legal, también se enmarca dentro de los logros del movimiento obrero del país y del apoyo internacional recibido. El miedo a que el “made in Bangladesh” se convierta en un estigma para los productos que salen de este país ha provocado reacciones. Seguro, las reformas no serán las que desearíamos pero abren espacios para la lucha de los obreros y las obreras bengalíes y se dificulta, cada vez más, la represión salvaje que han vivido los últimos años.

Más información:

En català: http://robaneta.org

En castellano: http://ropalimpia.org

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